Daily Archives: 16/10/2017

Maratón y Media Maratón Lisboa

DE CÓMO UN AMABLE SEÑOR ME MANDÓ A LA “ESTAÇAO DE COMBOIO”

 

Podía pasar o no pasar. Y pasó. Eso siempre está en mente, pero uno piensa que no va a ocurrir nunca.

Algo barruntaba, porque por primera vez llevé el móvil conmigo. Por si las moscas, dije.

En principio las sensaciones no eran malas.

Nos levantamos a las 5 de la mañana, cogimos un taxi, el tren de Lisboa a Cascais, y llegamos bien, tranquilas, con tiempo para ver el ambiente, calentar un ratito y colocarnos en la línea de salida.

Fuimos juntas apenas dos o tres kilómetros. Enseguida le dije a Luisa que se fuera, que yo iba a ir tranquila, a mi ritmo.

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No sé cuándo empecé a sentir la flojera, pero mi reloj lo decía todo. Los primeros kilómetros mantuve un ritmo que oscilaba entre los 5,15 y los 5,30, pero llegó un momento en que empecé a pasar a 5,40, 5,50, 6… Así llegué al km 22, viendo como me adelantaba el globo de las 4 horas. Los últimos dos km fueron una auténtica centrifugadora mental: ¿qué hago? ¿paro? ¿podré continuar? ¿a dónde voy si paro? Sentía las piernas cargadísimas, me dolía un pie, y lo que es peor, mi cabeza no estaba por la labor de pelear. A todo esto hay que añadir los 32º C y la humedad.

CLASIF.

Así que llegó la rendición. Me resultaba imposible imaginar cómo iba a soportar 20 kilómetros más en esas condiciones. Me iba a lesionar, o me daría un golpe de calor, no sé… Me paré y me dirigí a un señor que amablemente me indicó dónde estaba “la Estaçao de comboio” (estación de trenes). Y como no podía ser de otra manera, me dio un punto peleón e intenté correr un poco más desviándome del camino hacia la estación para seguir en la carrera. Pero mira tú por dónde, el destino quiso que volviera al redil. El señor que me había dado las indicaciones vino corriendo hacia mi y me dijo “Señora, se equivoca, la estación está por allí”, así que, ¿cómo no iba a hacerle caso por segunda vez? Me vi forzada a seguir sus instrucciones y cabizbaja, cogí caminito de la estación.

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Después de echar unas lagrimillas de rabia y pena, se acabó la tortura. Miré al mar, porque claro, elegí un lugar bonito para pararme. Estaba todo precioso. Me hubiera quitado toda la ropa sudada y me hubiera dado un baño en ese momento. Me senté en el tren junto a otros compañeros que abandonaron en el mismo lugar que yo y, para que no olvidara de dónde venía y a dónde tenía que haber ido, fui todo el camino viendo desfilar a miles de corredores del maratón a través de la ventanilla. Pero, aunque a veces la condición humana es puñetera, me alegraba por ellos un montón, de verdad. No sentía ningún rencor porque hubieran corrido mejor suerte que yo. Un niñito francés nos rompió los tímpanos dentro del vagón cuando vio a su papá entre los corredores. Nos hizo sonreir a todos. Me encontré con J. Luis en la estación de Cais do Sodré, me lavé el sobaquillo, me vestí de domingo y me propuse pasar un día estupendo.

Hice lo correcto. Tomé una decisión y fue mi decisión.

Aunque la maratón tiene una organización pésima, el recorrido es increíble. Transcurre todo el tiempo junto al mar.

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Hemos pasado un fin de semana maravilloso. Mis compañeros triunfaron, Luisa en la maratón, y los tres mosqueteros en la media. Para José Ruíz fue el bautismo de fuego… Y tanto, llegaba ardiendo con esos 32 grados de temperatura. Pero tuvo lo mejor que se puede tener en esas circunstancias, dos compañeros y amigos increíbles que lo llevaron hasta la meta (muy a su pesar…)

Para terminar. Millones de gracias a todos y todas los que me habéis acompañado en los entrenamientos, en especial a súper Miguel (siempre pendiente) y a Duarte (que sudó tinta a mi lado en la Costa Brava). Gracias a todos los compañeros del club y amigos que habéis estado tan pendientes de mi. Gracias a mi familia por su paciencia. Gracias a J. Luís por asumir que esto no era flor de un día.

Fotos y diplomas finisher pincha aquí

Y ¡qué coño! Gracias a la vida, que me ha dado tanto…

Belén Fernández

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