101 km Peregrinos

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Ciclismo

Viernes por la tarde, bicis, macutos y demás enseres a la furgo.

Dirección Ponferrada.

Nada más llegar se respira ambiente “betetero”.

Recogemos dorsales, foto correspondiente y a reponer fuerzas con unos pinchos y unas cañas mientras coméntanos la estrategia para mañana y escucho los consejos de los gallos que me acompañan curtidos en grandes batallas como la de mañana. 

Dirección al hotel Rafa nos recuerda que no nos hinchemos a cenar pasta o la noche seria larga… tiene experiencia en ese campo.

 Seis y media de la mañana y ya estamos desayunando y las frases más sonadas

   – ¿Lloverá o no lloverá?

   – ¿Tu vas de corto o de largo?

   – ¡Que frió hace!

   – Ya verás, nos van a caer chuzos de punta. etc, etc… 

Montamos bicis, colocamos dorsales, revisamos geles y demás drogainas… Dirección a la salida con una temperatura entre el fresquete y el fresquillo y si la cosa no cambia tiene pinta de quedarse hasta buen día.

Nervios ante lo que nos espera los próximos 101 kilómetros que se dicen rápido, pero se pueden hacer muy largos.

 

Salimos por las calles de Ponferrada entre los tímidos aplausos de los madrugadores que salieron a ver salir la prueba, son algo más de las 8:30 de la mañana. 

 Primeras rampas en grupo, tapón tras tapón vamos felices y contentos entre chascarrillos y chascarrillo vamos cogiendo nuestros ritmos y el grupo se va dividiendo. Primeros 10 km el mogollón se va estirando y te permite levantar el hocico y ver el paisaje espectacular que nos rodea, poco a poco vamos cogiendo cadencia y soltando los nervios que nos quedan,  km 20, noto que puedo meter una marcha mas pero el respeto a los km y a mi pierna aun con la lesión que me ha tenido medio invierno en el dique seco a flor de piel, me hace ir un punto por debajo, voy cerrando la expedición. 

Paro en todos los avituallamientos aunque solo fuera a coger agua fresca para nunca dejar de beber y meter algo de combustible al cuerpo. Rodamos por  pistas, senderos y rampas, si se le puede llamar de alguna manera, del 27% me hacen tirar el pie a tierra más veces de las que me gustaría.

 Pueblo de Puente Domingo km.45 parada obligada para repostar donde alcanzo al grupo que tenía por delante de Julián y compañía, empieza la subida, que nos llevara de los 393 metros de altitud a los 1474, cota más alta de la prueba en una subida sino constante, poco le falta, de 26 kilómetros sin bajar de la media de 8% de pendiente llegando a ver el 17% en la pantalla del garmin.

Primeras cuestas factibles en grupo y soltando alguna broma para reír un poco porque la que nos espera no nos la creemos ni nosotros.

Estamos en Yeres, pueblo pequeño con el encanto del Bierzo, llenamos depósitos y de vuelta a los rampotes. El miedo a mi pierna y a pinchar antes de lo debido desaparece y meto un punto más el cual me hace subir con buena cadencia y confianza, me voy separando del grupo poco a poco pero esto no tiene fin.

 Aparece el frio y una lluvia fina fría la cual anuncia el principio del fin, estamos a 1474 metros de altura y esto debería ser todo para abajo, repito, debería. 

Os aseguro que si vuelco bajando por esas paredes no dejo de rodar hasta llegar  a Ponferrada. Imposible bajar suelto, las pastillas de freno echan humo , el cuerpo en tensión esquivando cuchillos de piedra, y solo pensando en guardar la mecánica y no reventar las cubiertas.

Las patas duelen hasta bajando de la tensión y la vibración de un terreno que el agua de estas semanas de atrás había hecho con él lo que le había dado la gana.

Después del barranquismo quedan pocos kilómetros  pero los cuestotes no se han terminado, son cortos pero intensos, se divisa Ponferrada a lo lejos y yo estoy hasta los santísimos de subir y estos últimos se hacen interminables.

Villaliebre, ultimo pit stop, al lado de este, sentadas en sus sillas unas simpáticas abuelillas del pueblo  comentan la jugada y con una  voz entrecortada por las risas me dicen…

– ! Vamos chico mueve ese culo que ya no queda nada¡

 Pues moviendo el culo entramos en Ponfe, cruzando el puente de madera sobre el rio Sil, rodando paralelo a este por el ruido debe de bajar agua  para aburrir, y digo por el ruido porque yo ya no podía ni levantar la mirada del suelo.

Ya se escucha a lo lejos la megafonía de meta.

¡Esto ya esta echo chico!

 

Después de 101 kilómetros donde echamos el pie a tierra, le pitaron los oídos al ingeniero de caminos que dijo por aquí hacemos un camino, me falto chupar la sal de las piedras como las ovejas para evitar calambres y disfrutar como un enano, los 101 Peregrinos ya están en la saca.

En meta esperan Simón, Rafa, José Ángel  y demás acompañantes que habían llegado ya a meta orgullosos de sus medallas colgadas al cuello.

Muchas horas encima de la bici dan para que pasen muchas cosas, cada uno tiene su pequeña historia que contar pero todos logramos el objetivo que era terminar.

 Volveremos a una grande, pondremos otro objetivo encima de la bici. Gracias a los que me acompañaron, por sus consejos y los ánimos. Así da gusto afrontar retos como estos, con buenos ciclistas y mejores compañeros.

Jorge Mellado.

 

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